CONFLICTOS

La existencia de intereses incompatibles no es razón suficiente para un conflicto.  Las personas inician en conflictos, cuando los intereses son incompatibles, y a su vez, no se comprometen con reglas que propicien resultados a base de la excelencia en las actividades que se asumen.

En el conflicto, el elemento coacción o la amenaza de coacción está presente.  Por definición, cuando hay un conflicto, las personas o grupos de personas utilizan la fuerza. Una guerra es un conflicto porque además de intereses incompatibles se utiliza la fuerza para alcanzar los propósitos que se persiguen. Los dos empleados que mencioné anteriormente pueden optar por chantajear o hasta irse a las manos en un momento dado. De igual manera por tal de imponer sus intereses hay parejas de matrimonios que utilizan la manipulación y no descartan la fuerza física.

Aunque puede ser rara la ocasión en que empleados que se disputan un puesto utilizan fuerza física, a menudo utilizan otros estilos de actuar que caen dentro de los conflictos.  Por ejemplo, hablarle al jefe mal de otro, lanzar calumnias entre los compañeros, intentar que quede mal, o amenazarlo con la no cooperación si se otorga el puesto, son actos que caen dentro del conflicto. Aunque no hay utilización de fuerza, se llevan a cabo acciones que pueden ser consideradas como ilegítimas la otra persona tiene razón para sentirse mal.

Igualmente sucede cuando el marido le dice a su mujer que es una “vaga”, que no se explica por qué “siempre llega cansada del trabajo si allí no se hace ná”.  Definitivamente estos comentarios van en detrimento de la otra persona.  De igual forma, la esposa puede lanzar otros insultos como reacción a tales prácticas y por ende cae en los mismos errores.  Los dueños de las tiendas también pueden entrar en conflictos; anunciar lo bueno que puede ser un producto es bien distinto que vender la idea de que su competidor es un mentiroso o charlatán.  No son pocas las personas que tienen la práctica de lograr sus fines a través de desacreditar a otros.

Ahora bien, no se debe interpretar que en ocasiones el conflicto no se justifica. Por ejemplo, utilizar la fuerza puede estar indicado ante la defensa personal. Igualmente, ante los abusadores y personas que acostumbran a manipular o siempre sacar ventaja no merecen ser tratadas bajo reglas de juegos justas. Para estos casos sugiero en no tratar con ellos, alejarse de su círculo. Cierto que a algunos se le puede dar el beneficio de la duda mediante acciones que conlleven pocos riesgos, pero dado que, si la persona insiste en sostener prácticas conflictivas, el principio de voluntariedad en toda relación nos indica que no se está obligado a estar a su lado.

De igual forma se tiene el deber de impedir cuando se está haciendo daño al otro. Se peca tanto por comisión como por omisión y dejar pasar situaciones de conflicto promueve que estos se sigan repitiendo y aumentando al punto que sea práctica común y parte de una cultura insostenible.  Definitivamente son muchos los conflictos justificados entre las personas, grupos, comunidades y países, no obstante, observamos en nuestro diario vivir, que en su mayoría surgen en vano. De no violentarse los derechos, la mayoría de estos surgen sin razón alguna, y más bien por falta de estructura y procesos en cómo administrar los conflictos. Por lo que, para satisfacer los intereses individuales, hemos de recurrir a modelos de comprensión fundamentado en la Ética de Respeto Aplicada que nos abre a nueva compresión de relaciones alternas al conflicto.